dijous, 5 d’octubre de 2017

Ultraviolencia



            Lluvia intermitente. Cielo atlántico. Jornada de aires celtas. Violencia gratuita y abusiva después de anunciar días antes que no pegarían a nadie. Gran cinismo. Menosprecio monumental. Burla y venganza. Antidisturbios provocando disturbios cual bombero provocando un fuego. Puesta en escena golpeadora. Odio y catarsis. La naranja mecánica sin Beethoven. El honor es mi divisa. Servir y proteger

            Levantarse con la ilusión de un niño el día de Reyes (aunque se prefiera República) y meterse en la cama con ira. Pero el uso de la fuerza de ese domingo, sin nada más, no hace ganar. Son como el malo de una película mala, aquel que hace daño y ya está. Gusta más el cine de malos con profundidad de personaje. Mientras no llega, nosotros vamos avanzando con la fuerza de la estrategia y el engaño. Hemos visto a Jerry pensándoselas de todo tipo para hacer frente a Tom: las impresoras en medio de las calles imprimiendo los carteles de campaña que se habían requisado, esconder las urnas en Francia antes del 1-O, el cambio de coche del presidente en un túnel para despistar al helicóptero de la policía y así poder ir a votar, los árboles cortados sobre una carretera para forzar a la policía a perderse por montañas desconocidas o la misa mientras se cuentan votos para protegerse de la presencia policial.      

            Los expertos en derechos humanos analizan las imágenes: sería suficiente con que fuesen humanos. Todo el mundo sabe lo que es una señora de mediana edad propulsada contra un suelo de piedras. Una mujer arrastrada por la boca. Otra por los pelos. Una con la cara ensangrentada. Una a quien retuercen los dedos con sadismo. Todo el mundo sabe lo que es un policía saltando unas escaleras para propinar una patada a alguien que ya está en el suelo. O uno que pega a alguien que acompaña a un herido. U otro que empuja a la gente sobre un hombre a quien reaniman de un infarto en el suelo. Golpes de porra casi mecánicos, sistemáticos, potentes. Ha habido una especial impiedad con la gente mayor y las mujeres. Buscaban una reacción de ira.

Todo responde a una pensada provocación para justificar el único plan que tienen: el choque violento. Harán lo que sea por no perder Cataluña. No pueden perder Cataluña. Ya la han perdido. Solo quedan, más tarde o más temprano, los trámites administrativos. Es posible que una Cataluña libre celebre el 1 de octubre en su calendario de fiestas anuales: fue el día, dirán a los que ahora son niños y que nada entienden de lo que sucedió ese domingo, que los catalanes, pueblo digno, perdieron un miedo que parecían llevar en sus genes pero que, como tantas otras cosas que se dicen de ellos, no era verdad.  

            Dicen que fue una votación ilegal. ¿Por qué tratar de evitarla con tal contundencia si los resultados no valen para su legalidad? ¿Les da miedo que valgan en la nuestra? ¿Pretenden que nos marchemos limpiamente? Nos iremos como podamos. Dicen que fueron unas votaciones anormales. No discrepo. Lo más anormal: que el día de reflexión (o conmoción) fuese el día después y no el día antes. No habrá diálogo: el diálogo siempre viene tras una guerra entre iguales, no después de las masacres. Ahora han herido. Matarán.

            Serbia tuvo que venderse su flota cuando perdió Montenegro, pues era su última salida natural al mar. El Estado español, cuando pierda del todo a Cataluña, tendrá que venderse el anticatalanismo pues ya no le servirá de nada. 





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